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Blog viajero

Viaje solidario de ayuda humanitaria a Cuba

ayuda a cuba

Cuando dejé Cuba a finales de 2019, la isla bella que me robó el corazón y marcó un punto de inflexión en mi vida, nunca imaginé que tardaría más de dos años en volver al país que considero mi segunda patria. De repente llegó la pandemia y el mundo cambió por completo, pero en mi afán por ayudar al pueblo cubano recientemente tuve la oportunidad de volver a La Habana con un proyecto solidario bajo el brazo.

Siempre hablo de Cuba en positivo, pero en esta ocasión debo transmitir la realidad que he vivido en el país más allá de los circuitos turísticos, por mucho que me cueste escribir estas palabras sobre mi isla bonita a la que tanto quiero. La tremenda escasez de productos básicos de primera necesidad (alimentos, medicinas, productos de aseo…), unida a la crisis sanitaria y la inflación galopante provocada por la fallida Tarea Ordenamiento, han dejado al país en una situación límite ante la que no podemos mirar hacia otro lado, ya que ahora más que nunca la Cuba real necesita nuestra ayuda para salir adelante.

A finales de 2021 realizamos una recogida de medicamentos enmarcada en la labor social de Livegens, que donamos en diciembre a la ONG de ayuda a Cuba «Hombre Nuevo, Tierra Nueva». Una entidad española sin ánimo de lucro con una fantástica misión humanitaria junto a Cáritas, que pude conocer de primera mano en una emotiva jornada en la que entregamos las medicinas y visitamos a varias familias cubanas desamparadas. En este sentido, agradezco infinitamente las donaciones de medicamentos recibidas (especialmente del valle de Fornela y la Farmacia Ciudad Vieja de A Coruña), que han complementado la aportación económica y la logística facilitada por Livegens para esta noble causa.

Además de encargarse de la recogida y el reparto de las medicinas y los alimentos recibidos entre los más necesitados, esta ONG de ayuda a Cuba desarrolla varios proyectos solidarios en los que os invito a colaborar y participar (que podéis conocer más a fondo en su página web y redes sociales), como el programa de ayuda a ancianos o el apadrinamiento de niños cubanos, a los que en medio de tanta necesidad y escasez podemos hacer un poquito más felices.

He vivido y trabajado en Cuba y aunque la situación no me pilló por sorpresa, debo decir que fuera de los circuitos turísticos la decadencia del país en estos dos últimos años es muy triste y desoladora, algo que me rompió el corazón hasta llegar a las lágrimas. La isla tiene múltiples problemas, algunos que ya arrastraba del pasado y otros nuevos, pero a mi juicio es víctima de un doble bloqueo externo e interno y ahora mismo este último es el que más afecta al pueblo cubano para avanzar y seguir adelante.

La isla es espectacular para vivirla como turista, de hecho en el año 2020 escribí el libro «Cuba en el corazón» para contar mi increíble experiencia como mochilero «cubañol» en la isla, pero por desgracia la situación para la mayoría de los cubanos de a pie es muy diferente y prácticamente viven en una lucha constante por la supervivencia. Sin ir más lejos, es muy duro ver cómo hay familias que viven en infraviviendas en claro peligro de derrumbe en La Habana (algunas incluso frente al archiconocido y céntrico Malecón habanero), mientras se siguen levantando hoteles de lujo o majestuosos museos que ocupan toda una manzana.

Es tan solo un ejemplo de la ineficiencia y la mala gestión de los recursos económicos disponibles, aunque en este caso las imágenes hablan por sí solas más allá de las palabras.

En Cuba aprendí a ser feliz con muy poco y su buena gente tiene una calidad humana inmensa, precisamente por eso estoy tan sensibilizado con los problemas del pueblo en su día a día y la defensa de los derechos humanos en la isla. Los cubanos merecen una vida digna y entiendo perfectamente el hartazgo y el estallido social de una sociedad que en los últimos meses está al límite y ha tocado fondo. Personalmente, puedo simpatizar con el espíritu inicial y las buenas intenciones de la llamada «Revolución» cubana, pero condeno profundamente en lo que se ha convertido. La crisis socioeconómica y endémica del país no es una cuestión de ideología ni fruto de una «contrarrevolución» orquestada por terceros, tan solo es una cuestión humanitaria ante la que la comunidad internacional debe ofrecer su ayuda a Cuba y no puede mantenerse indiferente.

Como dato positivo en esta dura experiencia, quiero poner en valor el gran trabajo realizado por Cuba con sus vacunas, especialmente por los científicos y médicos cubanos que han puesto todo su corazón para salvar vidas. A pesar de las limitaciones, en tiempos de pandemia son el mayor ejemplo de la solidaridad que caracteriza al pueblo cubano, que siempre tendrá mi admiración, cariño y respeto por su capacidad para salir adelante con todo en contra.

Aunque no todo ha sido negativo en mi tercera estancia en el país, ya que también he podido compartir buenos momentos con gente a la que quiero y disfrutar de sus atractivos turísticos, sí que ha sido la más difícil y me ha dejado muy tocado. Por eso me veo en la obligación moral de denunciar la situación de mi querida isla bella, con la esperanza de volver a una Cuba alegre, próspera y libre que deje atrás la inmigración, la doctrina, la confrontación y la miseria del pueblo para dar paso a una nueva VIDA.

Javier Ramón | @javiramonr

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